Cómo mejorar tu día a día
- Practica la Gratitud: Cultivar la gratitud puede tener un impacto significativo en tu bienestar emocional. Tómate un momento cada día para reflexionar sobre las cosas por las que te sientes agradecido. Pueden ser pequeñas victorias, experiencias positivas o incluso cosas cotidianas que a menudo pasamos por alto. Mantener un diario de gratitud puede ayudarte a enfocarte en lo positivo y cambiar tu perspectiva.
- Vive el Presente (Mindfulness): La práctica del mindfulness o atención plena implica estar consciente y presente en el momento actual. Muchas veces, la ansiedad y el estrés provienen de preocupaciones sobre el futuro o remordimientos sobre el pasado. Al centrarte en el presente, puedes reducir la carga mental. Puedes probar técnicas de respiración consciente, meditación o simplemente prestar atención plena a tus actividades diarias, como comer o caminar.
- Cuida de Ti Mismo: No subestimes la importancia de cuidar tu bienestar físico y emocional. Asegúrese de priorizar el autocuidado. Esto incluye una dieta equilibrada, ejercicio regular, suficiente descanso y tiempo para actividades que disfrutes. También es crucial establecer límites saludables en tus relaciones y aprender a decir no cuando sea necesario. Cuanto mejor cuides de ti mismo, más capaz serás de enfrentar los desafíos diarios.
Recuerda que estos consejos son generales y pueden no aplicarse a todas las personas de la misma manera. Experimenta con ellos y ajusta según tus necesidades y preferencias personales. Además, si enfrentas desafíos importantes, considera buscar el apoyo de un profesional de la salud mental.
Bambú Psicólogos
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Navegando en la manipulación

En los últimos años, se ha observado un aumento en el número de personas que perciben estar siendo abusadas o manipuladas por sus parejas, compañeros de trabajo, familiares, amistades, entre otros. Esto se ha identificado tanto por la cantidad de personas que solicitan apoyo terapéutico relacionado con el “abuso narcisista”, como por el crecimiento de contenido sobre el tema en redes sociales. Es común encontrar información como: ¿qué es el ciclo narcisista? ¿Cómo manejar a una persona abusadora? ¿Cómo saber si estás siendo manipulado? Existen diversos recursos y herramientas que buscan orientar a quienes desean saber qué hacer si se encuentran frente a una persona que abusa, maltrata o manipula.
Por ello, queremos exponer de manera clara y concreta qué es la manipulación, los patrones más habituales y las características usuales de quienes manipulan.
Es relevante destacar que, en la interacción social, es frecuente adoptar diferentes roles. El término “persona”, derivado del griego, significa “máscara”; por lo tanto, cada vez que nos relacionamos en distintos ámbitos de nuestra vida —en el trabajo, amistades, pareja o entornos desconocidos— asumimos un rol y, metafóricamente, una máscara. Este comportamiento tiene como finalidad armonizar nuestras relaciones con los demás. Se trata de una práctica natural y considerada saludable en el contexto social.
¿Qué es la manipulación?
En algún momento de nuestras vidas, todas las personas hemos recurrido a la manipulación o hemos modificado la manera en que presentamos información, llegando incluso a omitir datos cruciales. Esto puede haberse reflejado en la forma en que nos expresamos, manifestamos nuestras emociones o comunicamos nuestras ideas, generalmente con el fin de obtener una respuesta específica de los demás. Sin embargo, existe una diferencia importante: una persona manipuladora lleva a cabo estas acciones de manera sistemática y generalizada, afectando todos los ámbitos de su vida y a quienes la rodean, lo que puede causar un daño significativo en los demás.
¿Cómo se ve un manipulador?
En el libro: Los Manipuladores, la psicóloga francesa Isabelle Nazare-Aga presenta lo que puede ser una de las descripciones más clara de lo que es la manipulación y el abuso que puede venir de esta, y comienza con una descripción de las máscaras más comunes que suelen ponerse los manipuladores con los que nos vamos a encontrar.
El manipulador simpático. Es extrovertido, amable y sabe cómo agradar; usa halagos, conexiones y favores para ganar confianza. Tiende a crear dependencia económica y emocional, cambiando de amistades cada pocos años. A diferencia de la gente genuinamente simpática, no respeta límites y utiliza su encanto para manipular. Para identificarlos, es esencial conocerse a sí mismo y reconocer sus propias necesidades.
El manipulador seductor. Se caracteriza porque hace un énfasis importante en su apariencia física, intentan mostrar su atractivo físico y rodearse de alhajas, desarrollan un comportamiento encantado. Puede plantear preguntas incómodas mientras evita responder las que se le dirigen. Utiliza elogios estratégicamente y tiende a buscar ventaja personal en sus relaciones. Suele despertar interés y curiosidad entre quienes lo rodean, ejerciendo influencia progresiva sobre su entorno. Las características positivas que demuestra están generalmente vinculadas al beneficio económico que puede obtener de otras personas.
El manipulador altruista. Suelen comportarse de manera que otras personas interpretan como “generosos”, ya que al interactuar con ellos se percibe una disposición a ofrecer ayuda o recursos sin que se les solicite. Sin embargo, este comportamiento se rige por el principio de reciprocidad: en algún momento, esperan recibir algo a cambio, generalmente de mayor valor que lo ofrecido inicialmente. Este enfoque puede dificultar que algunas personas rechacen sus solicitudes, pues se perciben como individuos muy amables o atentos, generando la sensación de una deuda pendiente. Por ejemplo, pueden ofrecer dinero en una ocasión y luego solicitar un favor que consideran más valioso.
El manipulador culto. Estas personas pueden destacarse por parecer brillantes, con educación formal y sensibilidad artística o intelectual, pero no siempre poseen conocimientos profundos sobre el tema que aparentan dominar. Aprovechan la deferencia hacia la autoridad, ya que muchas personas tienden a acatar de manera intuitiva la opinión científica. Generalmente, evitan responder preguntas especializadas y pueden mostrar incomodidad cuando son confrontadas por expertos en el área. Interactuar con este tipo de manipulador genera inseguridad y sensación de ignorancia en otros, una persona realmente culta fomenta el aprendizaje mutuo y nunca intenta mostrarse superior a los demás. Dependen de la falta de conocimiento ajeno para ejercer influencia y suelen obtener legitimidad mediante sus títulos académicos.
Manipulador tímido. Son poco comunes, y la mayoría de este tipo de manipuladores, son mujeres. Se disfrazan de “doncella en apuros”, ya que dan la impresión de que necesitan ser salvados. Fingen ser personas tímidas y frágiles. Influyen de manera sutil sobre la gente y nunca dan su opinión en público. Su principio de manipulación es “divide y reinarás”, pues siembran cizaña y desconfianza en los grupos con el objeto de destruirlos y tomar control sobre otras personas.
Manipulador dictador. Son Agresivos, criticones, violentos. En algunas ocasiones escasas, llegan a ser aduladores. La mayoría de las personas los ven como desagradables y les obedecen por miedo. Se muestran como personas frías y distantes que no suelen “perder el tiempo en trivialidades” con las normas de cortesía “buenos días”, “gracias” y “por favor”. Solo ellos tienen la razón y tienen como práctica acusar a otros de los errores que cometen ellos.
¿Qué hay de malo con el miedo a estar solo?

Nosotros somos una especie social; no somos mantis religiosas.
Los ermitaños se acabaron, en parte porque no tenían manera de transmitir sus enseñanzas y, en parte, también porque naturalmente somos una especie social.
Hay momentos en donde podemos experimentar sentimientos de soledad.
Cuando tomamos distancia de la familia o de nuestra pareja, y comenzamos a vivir solos, podemos tener momentos de experimentar soledad; comúnmente los primeros días.
Despertamos en un lugar diferente, algunas veces sin conocer el nuevo barrio que habitamos. Hay sentimientos de saberse «extraño» saliendo a la calle. Puede llegar el silencio, ya que no estamos acostumbrados a estar en completo sosiego y más, como en mi caso, que no solía encender la televisión como compañía. En mi casa había un perro y otras personas, habiendo siempre ruido. Fue un total cambio para mí.
Pasé de vivir en un lugar muy apartado de la ciudad a un barrio bullicioso, con tumultos de personas, lo cual me generó extrañeza.
Sentí miedo cuando me enteré por primera vez de que no podía ir a urgencias solo, ya que alguien debía acompañarme durante algún tiempo; y mucho menos si se trataba de una cirugía, puesto que otra persona tenía que estar presente en esos momentos.
El miedo es una realidad. La vamos a vivir realmente en algunas instancias de la existencia. Viviremos momentos de silencio. Viviremos nuevas experiencias que desconozcamos, y como en mi caso, familiarizarnos con las tiendas y los supermercados, aprender a tomar el transporte público, un taxi en la zona, tomaremos mayor conciencia de no olvidar las llaves de la puerta, ser humildes para pedir que nos presten una ayuda en casos de enfermedad y/o de alguna cirugía de urgencia.
Todo dependerá de nosotros mismos. Aceptar el cambio y sobre todo amistarnos con ese cambio y el silencio que ello trae.
La aceptación de parte nuestra ante la realidad cambiante es necesaria como mecanismo de adaptación. Vivir una especie de duelo por el cambio, transformando la forma de cómo veníamos viviendo, es central para ir experimentando menos ese vacío. Debemos aprender que la compañía no viene solamente de las personas. Puede ser un buen libro, una actividad, un proyecto personal, un café conmigo mismo, una llamada telefónica, salir a caminar. Todo esto se debe ir construyendo.
Tenemos las herramientas para vivir los cambios, siendo cruciales la gestión del tiempo, mantenernos ocupados sin sobre exigencias, planear las actividades, manejar los pensamientos repetitivos y sobre todo vivir los valores, poniéndolos en práctica, pero lo más importante es sabernos vivos con la conciencia siempre en alto y los ánimos marcando la ruta. ¡Todos podemos!
